Habrá quién no me crea, pero cada vez que me pongo delante del papel , bueno , pantalla, tengo que elegir entre tres caminos. El primero, que es el que más me apetece, quizás por ser el menos explotado, es contaros cosas relacionadas con el golf y transmitiros la pasión que siento por la pequeña pelotita blanca. Asumo que este camino es el que despierta mayor unanimidad entre los asiduos del blog. Os aburre. Sea, pero que sepaís que estáis cercenando mi libertad de expresión, el propósito original del blog y un brillante futuro como crítico de turismo de golf.
La segunda vía es la del “Dales caña, Alfonso”. Motivos para ello hay 200 todos los días. Hoy podría opinar de José Luis el de Mainar, o de la última de ZP (que como he estado todo el día en oficinas no la conozco, pero alguna habrá hecho, seguro).
La tercera vía. Es esa en la que ni toco los cojones ni aburro. Es en la que, como me decía una amiga, más entretengo (y menos peligro hago correr su integridad física si las compañeras del turno de noche le pillan viendo blogs “fachas”). Y es en la que espero poner de acuerdo a otras personas, como a Pilar, que se pasan por aquí todas las semanas. Vivimos en el mismo país , claro que sí, y sino invítame a comer, y alrededor del plato, como hacemos las cosas los españoles, discutimos para, a los postres, darnos cuenta que no nos hemos movido un ápice de nuestras posiciones, pero ¡coño! que bien hemos comido, que bien hemos bebido y cómo nos lo hemos pasado-
Así que hoy, en honor de Pilar, tercera vía.
Voy a hablar del Nobel. Mucho me temo que si hablo del Nobel de la Paz, me iba a la egunda vía rápido. Así que dejaremos al absolutamente incoherente, y “choncho” Gore, para hablar del Nobel de Literatura.
Conocía a Doris Lessing antes de recibir el Nobel de Literatura. No puedo negar, tampoco afirmar, sus méritos para recibir el galardón, aunque una biografía tan, digamos, azarosa, es siempre motivo de controversia. Opino, además, que autores extranjeros, a los que no lees en su lengua original , te pueden resultar más o menos entretenidos, pero hablar de ellos como artistas, es complicado (probad sino, a leer el arranque del Quijote en inglés).
Cada año, con los Nobel me pasa lo mismo. Bueno, perdón , con los Nobel de Literatura. Porque de los de Física, Economía, o Medicina no tengo conocimientos para juzgarlos (me quedé en Marie Curie) y de los de la Paz, con su una de cal y otra de arena (Arafat, Menchú, Rabin, Madre Teresa) no aportan nada, ni nuevo, ni bueno. Total, que sólo queda la Literatura, materia en la que, lejos de ser un experto, tengo más criterio que en la física cuántica, teoría de juegos o alteraciones cromosómicas para opinar.
Y año tras año, espero escuchar en boca de un noruego los nombres de alguno de los dos más grandes escritores en español vivos en estos momentos.El primero, español, castellano, celebra estos días sus 87 años. Se trata de Miguel Delibes. Hace no mucho lo escuchaba en una entrevista en la radío, con un pesimismo vital que ponía los pelos de punta. ¡Vaya 90 años más lúcidos!. Desde las novelas más clásicas, como Las Ratas o El Camino, hasta las más aclamadas, como El Hereje, pasando por las más desconocidas como A470, Madera de Héroe o los ensayos relacionados con el medio ambiente, Delibes es merecedor del premio Nobel, ahora, y de nuestro reconocimiento y admiración siempre.
El otro, peruano de nacimiento y español de co-nacionalidad, es Mario Vargas Llosa. A diferencia de Delibes, a Vargas Llosa lo descubrí hace poco (La Fiesta del Chivo fue la primera novela que leí). Desde entonces el descubrimiento hacía delante y hacía atrás de la obra de Vargas Llosa, me ha afirmado en que es el mejor escritor vivo en lengua española.
Algún día, a alguno de los dos, o a ambos, les llegará el reconocimiento en forma de Nobel, del que hoy en día gozan en forma de seguidores.