Cada vez que escucho la noticia de que un grupo de excursinionistas vascos ha sido rescatado por la Guardia Civil me entra una especie de placer sádico.
Sólo pensar en los igores y las nekanes con sus uniformes borrokas - ya sabéis, pantalones y forro polar Ternua o Astore, y pañuelo palestino al cuello, heladicos de frío y acojonados por su falta de previsión, su exceso de confianza o su mala suerte que les ha hecho no llegar al refugio o al pueblo, y que lo primero que ven después de varias horas perdidos sean los uniformes de la guardia civil asomando por entre la nieve, o bajando en rappel desde el helicóptero, pues eso, me pone.
Porque, aunque hay de todo, pero reconocereís que el esterotipo del montañero vasco coincide en el fenotipo bastante con el del borroka, en el pecado tienen la penitencia (o como se diga). Me regocijo pensando en la llegada de los valientes "mendizaleak" al pueblo. Son el descojono de sus colegas de la herriko taberna: "Epa, Mirem, ya te vi en la tele. Salías guapa al lado del guardia civil" o " Hostia, Julen. Pues si que eres bueno en la montaña. Si no es por los de verde no sales de la cueva". Y así, cebándose con ellos.
Con los del barco de pesca famoso, el "Playa de Bakio" pasa algo similar. Al parecer navegaban todo orgullosos con pabellón vasco. O sea, que en vez de llevar la bandera de España, como corresponde a cualquier embarcación matriculada en Bermeo (Vizcaya, España) iban con la ikurriña. Haciendo patria.
Pero, claro. Resulta que unos piratas los secuestran y les piden pasta gansa por soltarlos. Y, ¿quién tiene que ir para allá?¿Quizás, los ertzaintzas?¿o los gudaris del partido?, o como decían el otro día en la radio ¿una trainera, o una gabarra con Ibarreche?. Quita, quita. Los que están allí son los soldaditos españoles.
Con este gobierno puede pasar de todo. Pero si al final interviene el ejercito y salen en la foto, lo que se van a reir de estos trece valientes en Bermeo viendoles en la tele, con barbas, y cara de hambre al lado de un marinerito andaluz, echándoles por encima una manta, con bordado en rojo y amarillo, de las que envía Leyre Pajín, me va a provocar otra honda satisfacción.
Que me voy a descojonar de la risa, vaya.
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